al-ħarb. Amigos, estaréis conmigo en que dos de los enemigos más funestos de la Humanidad son, en primer lugar, el corrector de Word; y, después, siguiéndolo muy de cerca, el tipo de letra Comic Sans. En serio, cuánto mal ha hecho la Comic Sans…Aun siendo esto verdad, existe un mal aún más nocivo, un azote que degrada al género humano y lo aboca a una extinción lenta y dolorosa: me refiero nada más y nada menos que a los rótulos sin acentos. Porque sí, porque se acabaron ya los paños calientes y las buenas palabras: declarémosle la guerra a la incultura prosódica; portemos con nosotros un rotulador indeleble y corrijamos sin pudor los carteles que a nuestro paso encontremos. ¿Acaso no están repletas nuestras calles de centros de estetica o de academias de ingles? ¿Acaso no os sangran los ojos al verlo? ¿Acaso no muere un gatito por cada acento perdido? ¿Acaso no sufre la Virgen?
El fuego lo abrió Lynne Truss hace unos años. Esta buena señora, una mujer de bien, puso el grito en el cielo al ver que no le habían puesto el apóstrofo al título de la horrenda película Two Weeks’ Notice. Fue la gota que colmó el vaso de su paciencia: se lanzó desaforada a las calles londinenses y, rotulador en ristre, corrigió con fervor mesiánico todo cartel que tuvo a su alcance. El libro que escribió a continuación sobre ortotipografía, Eats, Shoots and Leaves (sin la coma: come brotes y hojas; con la coma: come, dispara y se marcha), es todo un clásico.
Pues bien, amigos, en el mundo hispanohablante ha comenzado la guerra. El 23 de junio de este mismo año, a un vasco residente en México, llamado Pablo Zulaica, se le inflaron los vapores y se convirtió en huracán. Decidió imprimir cartulinas con forma de tilde y comenzó a pegarlas en los carteles mal escritos de la capital mexicana para, después, fotografiar el resultado y subir la imagen a su blog: Acentos Perdidos: programa de reinserción de acentos en la vía pública. Hoy, son legión las hordas de hispanohablantes que, con inusitada furia correctora, peinan las calles de España, Venezuela, Perú, Argentina, Colombia, Costa Rica, Puerto Rico y República Dominicana en busca de carteles mal escritos. Tras las primeras multas, en Ciudad de México han acabado por reconocer de forma oficial su labor por su «valor didáctico, pacífico y constructivo». Han aparecido en la prensa de todo el mundo y el movimiento crece de forma imparable. Amigos, lloro de emoción. ¿Es posible tanta felicidad, Totó? No sé vosotros, pero yo voy a imprimirme ocho mil acentos de cartulina y ¡hale!, tildetón que te crió. Esto es la guerra…
P.D.: Por favor, no le pongáis acento a la palabra ti. Y, si os llamáis Llorente, no escribáis LLorente. Por favor os lo pido. Hacedlo por él: