lunes, 10 de noviembre de 2008

El sol - Ο ήλιος

o ilios. Con el trasiego de la mudanza, nunca os conté nada de Grecia y Turquía. Haré como que os importa y empezaré hoy. Carraspeo y comienzo: Amigas, amigos, érase una vez un cabrón llamado Teseo. Por lo que a mí respecta, estoy absolutamente seguro de que, cuando zarpó desde Atenas en su navío de velas negras sin la Bruja Lola, su única intención no era liberar a los atenienses del yugo cretense: Teseo quería ser rey.


Hacía varias décadas que los atenienses, debilitados y castigados por la peste, pagaban un humillante tributo a los cretenses: cada año, debían enviar siete jóvenes y siete doncellas a Creta para servir de alimento al Minotauro. Éste último no era otro que Asterión: un hijo del rey Minos tan feo, tan feo, tan feo que hubo que construirle un laberinto y encerrarlo dentro. La historia es conocida: Teseo se ofreció para ser uno de los catorce jóvenes de la hornada de aquel año, llegó a Creta, mató al Minotauro y volvió a Atenas victorioso. La única pega es que, en el ínterin, el tío cerdo le destrozó la vida a dos personas: a Ariadna y a Egeo.


Egeo, rey de Atenas y padre del héroe, se opuso en redondo a que Teseo, su único hijo, su heredero, arriesgara su vida. Al final accedió, pero padre e hijo convinieron que, si el joven triunfaba, al navegar de vuelta hacia Atenas cambiaría las velas negras del navío por otras de un blanco tan brillante que se pudiera ver a millas de distancia. Fácil, ¿no? Pues, cuando regresó victorioso, al niñato se le olvidó cambiarlas.


Tras la marcha de Teseo, Egeo se transformó: envejeció a marchas forzadas, se desentendió de la polis y se obsesionó con la vuelta de su hijo. Sin cuidar mucho su higiene, sin comer apenas, se pasaba el día entero en la Acrópolis mirando al mar; y, cuando la abulia se hacía insoportable, recorría 70 km hasta el cabo Sunio, en la punta del Ática, para otear el horizonte en dirección a Creta desde el templo de Poseidón. Cuando aquel día atisbó los velámenes negros sobre la línea del horizonte, Egeo se supo solo, lloró en silencio, cerró los ojos y se despeñó hasta el mar que, desde entonces, lleva su nombre.



Sirva todo esto para deciros que este verano estuve allí, en el cabo Sunio, y que junto al templo de Poseidón vi el atardecer más bonito del mundo. Pinchad en las fotos, malditos.





P.D.: ¿Que qué hizo con Ariadna? Bah, sólo la engatusó mediante engaños; la convenció para traicionar a su padre, a su familia y a su pueblo; y, por último, la abandonó en una isla.

P.P.D.: Esta idea del Teseo parricida la he sacado del libro The King Must Die, de Mary Renault. ¡Gracias, Raulete!

12 comentarios:

K dijo...

La primera foto, la de las siluetas, me encanta.
Dicho esto, voy a salir en defensa de Teseo: el muchacho, no sólo se lo había currado cargándose al minotauro y así evitando que murieran cada año 14 más; sino que no tuvo ninguna culpa en que, al volver celebrando la victoria, un poco cieguete, sí, admitámoslo, se le olvidara el detallito de las velas. Porque tampoco iba a estar él pensando que su padre Egeo era un agonías de marca mayor y se iba a pasar todos los santos días mirando al horizonte. Así que ya le vale a Egeo por penurias y por angustias. Además, ¿cómo sabemos que se despeñó? Yo creo que se fue a Persia a vivir la vida.

chexpirit dijo...

Si lo que quieres es leer buenas epopeyas entra en el blog de los krankos que creo que a este paso los hacen olímpicos (aquí hay un doble sentido jugando con lo de grecia y tal) Si lo que quieres es ver a un nuevo titán, tienes que conocer a Chuky de cieza.
¿Quieres sentirla en el pecho?

http://www.youtube.com/watch?v=xJjYd3K4Nuc

Johnny Ramony dijo...

Pol... be prepared!
We're almost there!!

Paul Spleen dijo...

@K
Egeo era un jefal y Teseo un mindundi. Ésa es una verdad más grande que América… y que Asía.

@Chexpirit
Muchas gracias por este gran especimen para mi colección. Me sabe a poco: quiero saber cómo acabó la historia en Cieza.

@Johnny
¡Albricias! Traed bañadores, jerséis, calzado cómodo y ricos manjares.

José Antonio dijo...

"Egeo era un jefal y Teseo un mindundi"

Y yo ¿ahora que digo?

Pd: Se podrían pasar horas en silencio mirando esa puesta de sol, si no fuera porque la puesta de sol se acabaría antes de esas horas :)

Agustín dijo...

La primera foto: es una representación de teatro en la época clásica. La silueta del sacerdote profetizando los malos augurios por los comportamientos pecaminosos de los fieles. Éstos, afligidos, ocultando las caras con sus manos, lloran amargamente.

En las otras, el sol parece un terrón de azúcar sobre un capuchino (el café, claro).

P.D.: Aunque luego me arrecien las críticas, lo suelto. Yo creo que incluso hay gente que ante este atardecer no aguantaría el silencio. ;o)

Mario dijo...

Agustín, tus bellas palabras me embriagan...
Chicos, soy un cúmulo de celos por vuestra visita a esas cálidas tierras. Pol, estoy celoso por no haber pisado esas tierras que ahora nos documentas. Coño, cuánto celo. Lo estoy? Le daré a Andrea la buena nueva....

Ronan dijo...

No me acordaba que te recomendé el libro. La continuación también está chula, El toro del mar.
Que aproveche.

Paul Spleen dijo...

@Agustín
Siempre con la puyica por delante, ¿eh? Cómo te gusta…

@Mario
Menos celos y veníos para acá, que os estoy esperando, my weapon.

@Ronan
Tomo nota. Del mismo estilo, en plan versión creíble y posible del mito, me leí hace mucho El vellocino de oro, de Robert Graves, sobre Jasón y los argonautas.

Agustín dijo...

Con "ll", Ramón, se escribe con "ll".

Alvaro Laguenas dijo...

Ey! La historia esta me ha molado, yo pensaba que todas esas cosas se las inventaba el Conesa!!!

Salu2 gañán!!!

David dijo...

¿Has leído "Corazón de Ulises", de Javier Reverte?