martes, 21 de octubre de 2008

El peine - المشط

al-mušţ. En junio de 1799, de paso hacia América, Humboldt visitó Tenerife durante cinco días y se enamoró del Valle de la Orotava y sus especies endémicas. No sé si sabéis quién fue Alexander von Humboldt (en Hispanoamérica, Alejandro de Humboldt), pero creo que es difícil encontrar a otro ser humano cuyo nombre haya sido utilizado para una corriente oceánica, un asteroide, una cordillera antártica, un mar en la Luna y toda una pléyade de especies animales y vegetales: pingüinos, mofetas, monos, delfines, murciélagos, escorpiones, calamares, lirios, hongos, levaduras, robles, cactus y orquídeas. Un grande.

Pues bien, amigos: me río de Humboldt, directamente. Yo sí que, en mi búsqueda incesante de la idiosincrasia canaria, he ido encontrándome con especímenes verdaderamente prodigiosos. Estoy hablando de joyas zoológicas, amigos, individuos nunca antes observados en su entorno natural. El que más me ha impresionado ha sido éste:

No sé si apreciáis con claridad la protuberancia que, surgiendo majestuosa del hongo capilar, corona su testuz: al parecer, conoce el uso de herramientas básicas como el peine, y lo transporta prendido al pelo. Desde mi privilegiada atalaya como observador imparcial, pude columbrar sus movimientos sin interferir en el desarrollo normal del ciclo de la vida: cada 5 minutos, a modo de tic, este glorioso animal procede a despegar el apéndice de sus cabellos fungiformes y da un repaso a su maradoniano cardado. Cuántas sorpresas nos depara Natura.

Además, como podéis comprobar, este magnífico ejemplar se reúne con sus congéneres en los claros urbanos a eso de las 12 del mediodía para intercambiar conocimientos utilísimos y sonidos guturales varios, amén de encararse con otro grupo, al parecer de la misma especie, al otro lado del claro. Dejando a salvo el uso de la herramienta capilar, no he observado otro comportamiento inteligente en sus patrones de conducta que fuera digno de mención, pero prometo redoblar esfuerzos en aras de un mayor y más profundo conocimiento de la fauna canaria. Todo por la Ciencia, amigos.




P.D.: A modo de coda, no puedo dejar de mencionar que creo haber descubierto dónde se guarece esta especie para arreglarse el vello capital:

6 comentarios:

Alejandra dijo...

Hay que ver la cantidad de cosas que ha hecho y ha dicho mientras yo me despistaba un rato. Me temo que me he perdido unos cuantos capítulos y ahora me vengo preguntando cómo ha ido usted a parar a las islas. Juraría que yo le había visto en Murcia la última vez.
En fin, que todo esto es culpa mía, que no me entero. O que tengo algo de demencia senil.
Dentro de nada, le voy a pasar por encima de la cabeza, camino de Dakar. Seguro que la ruta no es la que es y que el avión termina vaya usted a saber dónde.
Daré parte.

Anónimo dijo...

Impresionante. Por cierto alguien me dijo una vez que en las Islas Canarias había un montón de taraos. No era broma. Puedo afirmar lo mismo de Zaragoza y Cádiz. OSCAR.

Miserias del traductor dijo...

Cruzaré los dedos por no encontrármelo de camino a casa... .-)

Paul Spleen dijo...

@Alejandra
¿Se imagina usted que le gustara mucho el ballet y pasara las pruebas de acceso al ballet nacional ruso? ¿Se iría usted a Moscú, sacrificando un año de sueldo? Pues mi Moscú es La Laguna. Saludaré a todos los aviones que pasen, pierda cuidado.

@Óscar
Es absolutamente cierto: el porcentaje es altísimo, pero tienen mucha gracia. Será el clima.

@MDT
Esta perla y sus acólitos se colocan en la plaza Duggi, junto al colegio, así que no te libra nadie de un «Mira, mi niña, tengo aquí algo pa ti, 100% gofio». ;o)

Agustín dijo...

¿Veo bien que se llama Felo Peluqueros? Tú bien sabes que la mente no lee todas las letras, sino que rellena huecos. Si empiezas a escribiendo sobre peines, la gente termina leyendo falo.

P.D.: No le tengas en cuenta al Interesante su ausencia, es que esta semana está muy ocupadico.

Anónimo dijo...

Tu amigo me recuerda a Valderrama. Que no se entere Michel...

Un abrazo,

a