al-ħamrā’. Mira. Coges. Te vas a La Antigualla por aquello del respeto a los clásicos, sin olvidarte después de acercarte a beber un orgasmo en Los Caños. Te entrarán ganas entonces de recordar a qué sabía el Pilycrim, así que pon rumbo a la Facultad de Derecho y pídelo. Te meterán la anchoa con un Pilycrim farzo llamado Pale Cream, pero no te encabrones y déjalo estar. Tú fúmate un narguile de hierbabuena para quitarte el mal sabor de boca. Como el camarero es colega, se equivocará y te cobrará 10 euros menos, ya verás. Vas teniendo sueño, ¿verdad? Pues déjate de camas: dirígete al mirador de San Nicolás, porque ya que vas a Granada, qué menos que una foto de la Alhambra para disimular… Por fin, tras mucho andar por el Albaicín, tras llorar por echar de menos la vida Makuto, puedes acostarte un ratico.
¡Despierta, rápido, que habéis quedado con Eva y os quiere llevar a Los Diamantes II! A partir de ese momento, la frase del viaje será: ¿T’as t’ao nel Eshavira? y, si te llamas Agustín, tu nombre pasará a ser Santiago.
Y a callar. Seguramente irías a ver flamenco, pero acabáis escuchando jazz, así que intenta que no te tiren cervezas por la cabeza. Una cosa importante: si oyes que las de atrás hablan en griego, date la vuelta y pídeles que os hagan una foto con tu muy mejor acento ateniense, tal que así: Με συγχωρείτε, μπορείτε να μας κάνετε μια φωτογραφία; Será una pena si no dejas constancia gráfica de sus caras de asombro. ¿Os habéis quedado los 3 solos? Pues podéis comenzar ahora dos estudios antropológicos: uno sobre la adolescencia, en el Granada 10 (pon cara de pederasta); y otro sobre el joven señorito andaluz, en la Príncipe (imprescindibles la gomina y el jersey en bandolera). Acuéstate, anda. Menudo día te has pegado.

Te levantarás a las mil al día siguiente, así que lo mejor para desayunar será una buena
ración de pulpo con su vaso de albariño, una tapa de arroz mixto, un platico de cazón y unas gambas a la plancha. ¡Bien hecho! Ahora es el momento de recordarle a Santiago que te debe una cerveza en
El rincón de Michael Landon. Peléate con el camarero porque mucho Coche Fantástico y mucho Webster, pero no tiene cuadros de Luz de Luna en las paredes. Qué gente, resulta que se los roban (!). Venga, remata la tarde con un té de menta que por fin sepa como en Marruecos y, por qué no, pídete un
narguile de sandía. Te lo has ganado. ¿Remata he dicho? Nada, nada, hay que seguir. ¡Cuidado, hordas de botelleadores que vienen como los del pueblo de Astérix, hechos unos bestias! Intenta andar a contracorriente y esquivarlos para llegar a la Plaza de Toros, donde te esperan todos los médicos de Granada hincándose copazos a 3,5 euros de vellón gracias a sus
tarjetas VIP (!!). Ya está bien. Descansa en la fonda.

¡Dios mío, no llegaréis a coger sitio al
Upsetter! Esa noche no actuará el Niño de las Almendras, lástima, pero está
la Pili, guapa, flamenca ahí, que se luce. Vais pensando en otra noche épica, menos discotequera, pero tras pasar por el Ágora y tras una cerveza en el Enano Rojo, descubriréis que estáis muertos, así que morid. Oye, ¡os lo vais a pasar de puta madre!