al-wilāya. Hola, amiguitos. Cómo ha estado de interesante esto de la Clinton y el Obama, ¿eh? Primero Iowa, luego las primarias de New Hampshire… Precisamente de eso os quiero hablar hoy: del ínclito estado de New
Hampshire. Y la culpa es de Julia Otero.
Un colaborador de su programa de radio vespertino sacó a colación que en los telediarios españoles no había unanimidad acerca de la correcta pronunciación de New Hampshire. Para demostrarlo, puso cortes de sonido en los que, con mayor o menor fortuna al remedar el acento inglés, unos presentadores decían /'hamʃər/ y otros /'hamʃaır/. La duda, por tanto, estaba en la pronunciación del -shire final, y ahí terció la Otero para decir que, evidentemente, era /-ʃaır/, puesto que el final de la palabra venía de shire («comarca», en inglés). Entonces, el tono de voz del colaborador cambió, devino el de un mago a punto de sacar un conejo de la chistera y anunció que, para salir de dudas, iba a poner unos cortes en los que dos estadounidenses
–noun
- a state in the NE United States. 920,610; 9304 sq. mi. (24,100 sq. km). Capital: Concord. Abbreviation: NH (for use with zip code), N.H.
¿Qué hizo entonces la Julia? Pues ni corta ni perezosa, soltó: «No, no, pero eso es porque esto era inglés americano, ya ves tú… En buen inglés, se dice como yo lo he dicho. Siguiente tema.» El colaborador dudó acerca de si debía contradecir a su jefa, pero decidió ser pragmático y cambiar de tercio tras una breve vacilación.
Y bien, ¿qué enseñanzas podemos sacar de esta bonita anécdota, queridos amiguitos?
- En primer lugar, que el antiamericanismo del intelectual español es natural y surge de muy adentro en los momentos más insospechados. Si no, no se
entiende el proceso mental por el que, tras oír a dos nativos cultos pronunciar una palabra que es común en su idioma, va doña Julia y se atreve a contradecirlos sin más. ¿Os imagináis a alguien diciéndole a un suizo cómo debe pronunciar el nombre de Ginebra en buen alemán? - En segundo lugar, me llama la atención la poca cultura lingüística que se tiene en general. Con las Tamaras, pase, pero ¿bajo qué criterios se puede decir que hay un inglés bueno y uno malo? ¿El español ibérico, hablado por 40 millones de personas, es bueno; y el español sudamericano, hablado por 200 millones, es malo? Todo esto merece un post aparte, porque parece ser que sí hay mucha confusión al respecto.
Si no, tampoco se entiende que este fin de semana una amiga me haya defendido, con supuestas razones irrebatibles y esperando mi respaldo, dos cosas: una, que en Murcia se habla muy mal; y dos, que el catalán es un dialecto del español. Le dije que ambas cosas, en lingüística, eran absurdas, el equivalente científico a ser creacionista y creerse, como ya dijo el padre Ussher en el siglo XVII, que el Universo fue creado exactamente el 23 de octubre del 4004 a. de C. No se quedó muy convencida…
paranormales, por lo que para mí es extraño confesar que lo oía bastante, como un defecto físico al que te acostumbras y llegas a querer como parte de ti, algo que al final sólo comentas con los más íntimos. Estaba seguro de oírlo en el futuro como hasta ahora: sin hacerle mucho caso y sin regularidad, pero con la seguridad de poder hacerlo aquí o en el extranjero, algo que daba por sentado para muchos años más. El presentador y creador del programa, Juan Antonio Cebrián, leía sus «pasajes de la Historia» con una voz impresionante como contándoselos a un hijo, ponía motes de personajes históricos o de cómic a todos los que participaban en el programa y su humor a veces era el de un profesor algo tontete del que se ríen los alumnos, encantado y feliz como una lombriz. Hace unos años, tras muchos de emisión continuada, no llegaron a un acuerdo con Onda Cero. El programa no se emitió durante unos 11 meses, el buen hombre lo anunció el último día y Onda Cero recibió esa noche miles y miles de llamadas y correos preguntado el motivo. Casi llorando, se despidió de la audiencia parafraseando a César: «Nos echamos ahora al monte, pero volveremos. Y seremos millones. Fuerza y honor.»
era ciego y hacía los «pasajes de la Historia» de memoria y sin guión. He oído mil veces decir a mucha gente que se ha enganchado a la Historia gracias a Cebrián y su manera de contar vidas y batallas, interpretándolas en la radio; y a profesores decir que les ponen los «pasajes de la Historia» a sus alumnos en clase. Lo he criticado mucho por lo de elegir palabras que no significaban lo que él quería decir (la famosa pingüe victoria) y he renegado de La rosa de los vientos una y mil veces, pero durante el programa del otro día en el que se despidieron de él los miembros de su equipo me sorprendí llorando como un crío. Es difícil de explicar por alguien a quien no conocía en persona. Durante ese último programa, apenas 24 horas después de su muerte, el colaborador con el que más complicidad tenía 