miércoles, 26 de diciembre de 2007

EL RESULTADO - النتيجة

an-natīŷa. Varios meses de preparación del Most Acho, ideando gilipolleces varias para aumentar y perfeccionar la mitología tontuna del concurso mostachil, como las reglas en castellano antiguo, los carteles anunciadores,…; varios meses de dejarse bigote soportando estoicamente la befa, la mofa y el chascarrillo fácil de propios y extraños; varios meses de tragar pelos bigotiles al disfrutar de una buena comida (y al almorzar también, sí, Agus); varios meses de preparación mental para la gran noche, con su cena y sus copas de después; en fin, varios meses merecedores de una gran recompensa tuvieron el siguiente resultado:

  1. me quedé el último en el concurso: dejé crecer los pelillos del extremo del bigote para redondearlos hacia arriba a lo conde-duque de Olivares, pero salió mal el invento y los pelajos quedaron a su aire; y
  2. además, debido a una sustancia inventada por el Demonio, de nombre limoncello, mi aspecto y estado fueron lamentables durante toda la noche.
A falta de uno mejor, mi proceder no merece otro nombre que el de estrategia McLaren. Gran decepción de los asistentes, pues se esperaba más del organizador. Prometo dar lo mejor de mí para el próximo Patilla World Championship.

El mostacho vencedor, sin duda alguna y barriendo por un amplio margen en una apasionante votación eurovisiva, fue el mostacho de nuestro Otto von Bismarck redivivo, un mostacho prusiano, frondoso, original y elegante: el mostacho de «El Alemán», también conocido por estos lares como «El Interesante». El camarero, hombre poco dado a la originalidad a la hora de bigotearse, otorgó sus votos a Pacorro, Johnny y Láguenas; pero me temo que lo de Paco era perilla y no bigote.

Efectivamente, con toda seguridad, aquella noche fuimos el grupo de personas más lamentable que se atrevió a poner el pie en las calles de Murcia. Si no os lo creéis, podéis comprobarlo en el álbum de fotos que pongo a continuación.

VIEWER DISCRETION IS ADVISED:
EL RESULTADO




P.D.: El éxito de la canción Dentro de Espinete hay una persona ha sido apoteósico, pero ya va siendo hora de cambiar las canciones de la barra lateral:
  • We used to vacation — Cold War Kids
    4.30 de la madrugada. En la radio, Salas y el Monaguillo dan paso a publicidad. Una niña sabionda y sabihonda le habla a su padre en un anuncio. El mensaje que pretenden transmitir es que un trasvase es mejor que desalar, y eso es algo tan obvio que hasta un niño lo entiende. Eso sí, la niña, para explicar lo simple y obvio que es eso, da así como unos 96 pasos deductivos con reducciones al absurdo y todo. Termina, dos segundos de silencio y empieza esta canción: pelos de punta con la letra, se comprende que hayan usado la distorsión como instrumento. ¿El eslabón perdido entre la «música Pol» y la «música Johnny»? Puede ser…

  • Favorite things — Me First & The Gimme Gimmes
    Finales de los 80. Mis padres salen a cenar. Mi hermana se apodera de la televisión, coge una cinta en Beta y —¡horror!— pone Sonrisas y lágrimas por nonagésima vez. Ahora ya no hay nada que hacer: me sé todas las canciones. Debo confesar que la música de una de ellas me gustaba mucho, y todavía me gusta, independientemente de su nivel de pastelosidad. Un centro comercial cuyo nombre empieza por El Corte y acaba en Inglés la ha incluido en sus últimos anuncios. Pongo una versión que no es como para tirar cohetes, pero al menos es original. En YouTube hay versiones mejores: intimistas, de jazz
P.P.D.: Para el que no lo haya notado, las citas de la barra lateral (abajo, sí) cambian cada vez que entráis a la página.

P.P.P.D.: Un favor os pido para el año 2008: si dentro de unos meses veis en alguna tienda el DVD de Soy leyenda, corred hacia donde esté y, a continuación, proceded a prenderle fuego. ¡Por Dios, impidamos que llegue a las generaciones venideras!

lunes, 3 de diciembre de 2007

El pasado - الماضي

al-mādī. Se pone uno a mirar fotos antiguas y en seguida le entran ganas de retocarlas… Ya he tenido más días como éstos, pero ahora me he quedado más o menos satisfecho. Hay muchas lagunas y, de algunos años, no he podido sacar ni una foto decente. Puse casi todas ya en el Facebook, pero ahora he puesto alguna más. Podría haber escogido algunas en las que salís horribles, sí, pero, si exceptuamos una foto (sabréis cuál es), he sido muy benévolo. En fin, ahí van, para vuestro personal disfrute:

EL PASADO

lunes, 26 de noviembre de 2007

El método - المنهج

al-manhaŷ. ¿Cuántas veces ha intentado usted… aprender inglés? Usted no tiene la culpa de no haber aprendido bien inglés… ¡porque usted ha utilizado un método que no funciona! ¿Acaso no piensa usted… que es capaz de aprender tan lo… cinco… palabras al día? ¡Claro que ! Con mi método,… usted aprende a hablar el inglés con mil palabras. ¡Se lo garantizo! Con estas frases de imbécil y esa entonación de papanatas bobotonto se anuncia el sinvergüenza del método Maurer. Claro, como sabe todo lingüista que se precie, la entonación, la pronunciación y las reglas gramaticales no son parte de un idioma… ¿Serás sinvergüenza? Si yo te entiendo, amigo Maurer, pero al final hablas español como quien ha decidido ir en pelotas por la calle o comer con los dedos.

¿Cómo no desconfiar de cualquier método que no esté basado en clases con un profesor nativo? ¿Qué? ¿Qué dices, Maurer? ¿Ordenadores? Venga, por favor… Estuve un mes gratis en una academia de ésas tipo Opening (que luego más bien fue Closing), y la sensación de que aun siendo gratis me estaban atracando todavía me dura.

¿Qué dices, Ramón Campayo? ¿Que con tu libro puedo aprender un idioma en 7 días? No sé si opinar porque no lo he leído… O mira, sí, qué leches: ¿tú estás seguro de que con tu método podré aprender a hablar y, sobre todo, escribir japonés en 7 días? ¿De que dominaré los tropecientos casos y afijos de una lengua aglutinante como el vasco? No sé si fiarme de un tío que seguro que hace cuentas en una pizarra, en milisegundos, con movimientos espasmódicos…

¿Queréis saber cómo debe ser un buen método? Aquí os dejo un vídeo, no faltaba más. Sólo espero que este primer capítulo no sea el último:




P.D.: Para ser sincero, me he metido con Ramón Campayo porque el post lo pedía, pero en realidad me cae muy bien. Su libro sólo pretende proporcionar los rudimentos necesarios para adquirir rápidamente un nivel muy elemental. Entre otras cosas, recomienda hacer todas las «asociaciones inverosímiles» posibles. Yo lo hago mucho, sobre todo cuando me encuentro con alguna palabra que he buscado varias veces en el diccionario y no se me queda. O con los números de teléfono, las matrículas de los coches…

Ejemplo: para recordar que, en alemán, poder se dice können te imaginas a Conan, que lo puede todo; y luego piensas que para animarte y poder hacer algo, te animarías gritando ¡vamos, coño!; y así.

P.P.D.: La chica que sale en el vídeo, ¿no es Rut, la amiga de la hija mayor de Médico de familia? Creo que tenía familia en Murcia…

P.P.P.D.: No sé si contaré algo de la fiesta de este fin de semana pasado, pero…:

lunes, 19 de noviembre de 2007

El café - القهوة

al-qahwa.

Barcelona, 8 de agosto de 2005. En el concierto de U2 del día anterior, mientras en el Camp Nou actuaban de teloneros Kaiser Chiefs y Keane, un hombre decidió hacer (e hizo) su agosto vendiéndonos Calippos a mansalva. Creo que yo me hinqué 3, pero fue una gran experiencia ver el orden utópico con que desfilaban Calippos hacia las filas de atrás y cómo volaban los billetes en sentido contrario, así, sin que nadie decidiese romper la cadena y, o bien zamparse un polo ajeno, o bien quedarse con los dineros volantes. Ríome yo de la mano invisible de Adam Smith, vamos.

Dónde estábamos el de los Calippos y yo

Dejando aparte que cuando empezó With or without you la de delante se encaramó a su novio, me lo tapó todo y me esclafó el culo en la cara varias veces, el concierto no estuvo nada mal. Y empezó así:


Ese día 8, un día después del concierto, decía, mantuve una conversación interesante y sonora con la chica que me atendió en un Starbucks junto a la Sagrada Familia:

—Yo qué sé… Un frappuccino grande de vainilla, venga.
—¿Quieres un shot de caramelo?
—No sé…
—Te lo pongo. ¿Y cómo te llamas?
—¿Y a ti qué más te da?
—Es para llamarte cuando esté listo lo tuyo.
—Qué confianzas más raras… Doncs em diuen Pep, maca.
Molt bé, Pep. Fins ara.


Pep, el teu frappuccino!




Madrid, 8 de noviembre de 2007. Dos años después. Esa noche fue el concierto de Interpol en la sala La Riviera. ¿Qué puedo decir? Cuentan que, al día siguiente, la multitud enfervorecida quiso erigirle una estatua al guitarrista en plena Puerta del Sol… No he encontrado ningún vídeo que haga justicia a lo limpios que suenan y al ambiente mágico que crean en directo, pero ahí va algo de esa noche (hay una chica que, sabiamente, pide The New, pero no la tocaron…). Ésta es Hands Away, con un crescendo brutal que aquí no se oye bien ni por asomo:


El caso es que esa misma tarde fui a un Starbucks cerca de Atocha. Cuando la camarera hizo gala de la misma falsa familiaridad corporativa, hice una pausa, miré por la puerta hacia el Paseo del Prado, me sentí a gusto en Madrid y no pude resistirme: ¿Pues cómo me voy a llamar, mujer? Soy…

¡Isidro, tu macchiato!



P.D.: He puesto en la barra lateral un enlace al post del Most Acho, puesto que seguiré actualizándolo y ahí es donde habrá que tratar todo lo referente a la cena mostachil.

P.P.D.: Y tras tanta sequía, nuevas canciones. Ojito a las guitarras de la primera, de Bloc Party. Y la segunda, en fin… Enjoy.

domingo, 4 de noviembre de 2007

EL CAMPEONATO - البطولة

al-buţūla.

ACTUALIZADO
17 de diciembre de 2007
22:54


PARTICIPANTES CONFIRMADOS









ASISTENTES POR CONFIRMAR






HORA Y LUGAR


Para los mostachudos confirmados:

Desde primeros de mes hay reservada una mesa para
10 personas,
el sábado 22 de diciembre,
a las 10 de la noche,
en Vía Apóstolo.
.


Para los que están pendientes de confirmación:
  • Confirmadlo pronto, nenicos, por si hay que ampliar la mesa, no vaya a ser que no nos dejen…

  • Todo el que venga a la cena y no se haya dejado crecer un complido mostacho, deberá llevar otro tipo de mostacho obligatoriamente, sea pintado, sea mediante cualquier otro fingimiento.

  • Aquél cuyo bigote sea postizo no podrá ser nombrado Most Acho ni recibirá voto alguno, pero podrá votar y deberá contribuir a pagar la cena al ganador, así como las copas de después.


CARTELES
by Polikarpo

(el último, de Josetxu)







Año de dos mill e siete del Ntro Senyor:

Se faz saver a los valentones que nel Most Acho allistarse e partiçipar quissieren ca ovrán d'ovservar e respectar con grande çelo aqueſtas REGULAS:
  1. Deve la faz ser llimpya, neta e descoverta escepto de un moſtacho bien complido, grande mientre poblado, pora el dia del grand yantar en ora nona. Non avra de permitirse en la sussodicha çena, por tant, que della gusten periyanes o barbianes. El moſtacho dabaxo, cada qual al so sabor. ¡Dios, que alegre sera el mesonero quando a nos legar divisse! ¡Quanto complido omne, por amor del iador! Enantes que cabe deçembre, sera la fecha fixada, e demas ora e logar. Non se save por agora, mas sera en Murçia çipdat. ¡Oid bien aqueſto, complidos varones, non hi vos vaya a pesar!

  2. Iuſta mientre sera apreçiado el moſtacho. Se faze assi e assi vos lo mando:

    1. Cada omne u mugier que hi sea present mas no partiçipe, si es que los oviesse, conçeda la su nota a todos los moſtachos presentes, e des de el .i. fasta el .v. sea. Si non, nada.
    2. Cada valenton assimesmo emita votos, mas haiga una differençia: tantos votos emita commo moſtachos axenos haiga, un voto por moſtacho. En aviendo .viii. valentones, cada qual emita .vii. votos, e puntos des de el .i. fasta el .vii. sea e gelos de. E assi.
    3. El posadero, la su mugier, o aquell que sea quien de la mesa cuide e sirva, ca proçeda escoller, con proprio criterio, mui a so sabor, los .iii. cavalleros con melior e bon complido moſtacho. Vala aqueſto .v. puntos ca, mal nos pesse, a tales complidos varones avressemos de dar.

  3. Sea ganyador, sea the most acho, aquell omne valiente que reçeva malior suma de puntos.

  4. Sepades que, consequente mientre e con grande onor, sea el ganyador inbitado a cena por el reſto de moſtachudos, a mas de los tragos que essa noch desseare. E que degan de grado: ¡Muchos e feliçes dias bivades!, e ¡Dios, e commo es bien moſtachado!


Nobleça e gayardia son de reçibo e ca'l iador vos salve.

Vale.


P.D.: Este post irá actualizándose, así que pondré un enlace en la barra lateral.

martes, 23 de octubre de 2007

La lombriz - دود الأرض

dūd al-’ard. Este fin de semana me he dado cuenta de que si había hasta ahora algo seguro y estable en mi vida, invariable pese a los cambios de los últimos 8 ó 9 años (que se dice pronto), era que en la radio ponían La rosa de los vientos, un programa que escuchaban de madrugada 200.000 personas (que también se dice pronto) y millones más a través de Internet, pues era el programa en español más descargado del mundo. Un programa extraño, con muchísimos colaboradores que se lo pasaban de muerte narrando batallas púnicas con bandas sonoras de fondo, participando en tertulias sobre leyendas urbanas, asesinos en serie, la Antártida o la vida de los espías durante la guerra fría. Todo con bastante humor negro y mucho juego intelectual sin llegar a ser nunca muy profundo. A veces me encantaba que hablaran de Historia y otras veces me aburría soberanamente que hablaran de misterios paranormales, por lo que para mí es extraño confesar que lo oía bastante, como un defecto físico al que te acostumbras y llegas a querer como parte de ti, algo que al final sólo comentas con los más íntimos. Estaba seguro de oírlo en el futuro como hasta ahora: sin hacerle mucho caso y sin regularidad, pero con la seguridad de poder hacerlo aquí o en el extranjero, algo que daba por sentado para muchos años más. El presentador y creador del programa, Juan Antonio Cebrián, leía sus «pasajes de la Historia» con una voz impresionante como contándoselos a un hijo, ponía motes de personajes históricos o de cómic a todos los que participaban en el programa y su humor a veces era el de un profesor algo tontete del que se ríen los alumnos, encantado y feliz como una lombriz. Hace unos años, tras muchos de emisión continuada, no llegaron a un acuerdo con Onda Cero. El programa no se emitió durante unos 11 meses, el buen hombre lo anunció el último día y Onda Cero recibió esa noche miles y miles de llamadas y correos preguntado el motivo. Casi llorando, se despidió de la audiencia parafraseando a César: «Nos echamos ahora al monte, pero volveremos. Y seremos millones. Fuerza y honor.»

Este sábado volaron los mensajes a los móviles diciendo que se había muerto de un infarto, como del rayo, con 41 años, pocas horas antes de entrar al estudio. Lo obsceno y sorprendente es que he sentido una pérdida objetiva, como cuando muere un familiar. He escuchado a este hombre en Andorra, en Murcia, en Mazarrón, en Madrid o en Rabat. Tengo recuerdos de escucharlo acompañado bajo un edredón, o de escuchar psicofonías con la luz encendida. Tengo recuerdos de hablar de él con Javi y Andrés en los pasillos de la Universidad de Murcia, los tres mosqueteros criticando a saco en muchas ocasiones pero enganchadísimos al programa; o de estudiar Internacional Público con este hombre hablando de fondo. Tengo recuerdos de reírme muchísimo con Javi porque aseguraba que era ciego, y yo decía que sería bizco o simplemente feo: en octubre de 2006, tras ocho años escuchando el programa con cierta asiduidad, descubrí que sí, que Cebrián era ciego y hacía los «pasajes de la Historia» de memoria y sin guión. He oído mil veces decir a mucha gente que se ha enganchado a la Historia gracias a Cebrián y su manera de contar vidas y batallas, interpretándolas en la radio; y a profesores decir que les ponen los «pasajes de la Historia» a sus alumnos en clase. Lo he criticado mucho por lo de elegir palabras que no significaban lo que él quería decir (la famosa pingüe victoria) y he renegado de La rosa de los vientos una y mil veces, pero durante el programa del otro día en el que se despidieron de él los miembros de su equipo me sorprendí llorando como un crío. Es difícil de explicar por alguien a quien no conocía en persona. Durante ese último programa, apenas 24 horas después de su muerte, el colaborador con el que más complicidad tenía —bebían whiskey mientras hablaban de espías y su mutis siempre era por una «puerta secreta» tras la que indefectiblemente lo mataban de la forma más variopinta— dijo con la voz entrecortada algo así como: «¿Que diga ahora unas palabras?… Toda mi vida he jugado con ellas. Han sido mi herramienta, mis compañeras. He confiado en las palabras plenamente, con absoluta fe en que con ellas, moldeándolas y mimándolas, se podía explicar y transmitir absolutamente cualquier cosa. Pues bien, hoy no. Las miro de reojo, desconfío de ellas y me siento profundamente traicionado. Sólo quiero usarlas para decirte que te echo mucho de menos, Juan Antonio. Te echo muchísimo de menos.»

No estaría nada mal que un Miguel Hernández nos dedicara unas palabras así cuando muramos. ¿Erais rosaventeros?

P.D.: Esta entrada chirría un poco con el tono general del blog, lo sé, pero me apetecía hacerla. Hale.

jueves, 11 de octubre de 2007

La duda - Il dubbio

Sucedió algo asombroso en el último partido del Real Madrid. En primer lugar, parece ser que Casillas se durmió. Las fuentes oficiales consultadas apuntan a las noches toledanas con Eva González como la causa más probable del apollardamiento del guardameta, pero hete aquí que la cosa fue a más: un jugador contrario regateó con facilidad a Cannavaro y se dirigió en solitario hacia la portería. Nada hay de infrecuente en eso, es cierto, pero sí en lo que ocurrió a continuación. Cuando el defensa italiano, todavía con la cintura rota, procedió a perseguir al delantero contrario con el fin de entorpecer su galopada con la más fina de sus tarascadas, se percató de que —oh, fatalidad— Casillas dormía el sueño de los justos amodorrado junto al poste. Acto seguido, sin parar en mientes y valeroso como pocos, Cannavaro se dispuso a berrear a pleno pulmón para, así, elevar su voz por encima de los innúmeros murmullos del público y despertar a su compañero. Y fue entonces cuando ocurrió.

El pecho del italiano se henchió majestuoso en el aire estático del Bernabéu para descargar su potente grito y salvar así a su equipo de un gol más que seguro. Los ojos del estadio iban del plácido Casillas al formidable Cannavaro, de Cannavaro al delantero rival y de ahí otra vez a Casillas. Todos a una contenían la respiración admirando a Cannavaro, al genial Cannavaro, cuya portentosa capacidad pulmonar parecía no tener fin. En algún momento de esa burbuja de tiempo, un espectador no pudo más y tuvo que expulsar el aire con gran alivio por su parte. Uno a uno, boqueantes, siguieron su ejemplo todos los presentes en el estadio. ¿Todos? Hubo tres que no: Casillas, abrazado al poste; Cannavaro, que, en silencio, con la boca abierta y cara de bobotonto (esto tampoco es infrecuente, es cierto) observaba congestionado e impotente el avance ahora imparable del atacante; y éste último, quien, el muy canalla, se fue hacia la portería, dejó el balón justo en la línea, se agachó y —oh, afrenta imperdonable— metió el gol con el ojete. Antes de desmayarse, a Cannavaro, al bravísimo Cannavaro, se le oyó susurrar «porca grandissima puttana»…

Con el defensa central aún convaleciente, los sesudos analistas deportivos comenzaron a analizar sesuda y deportivamente lo sucedido. Grosso modo, las principales líneas argumentales de sus elegantérrimos discursos fueron las siguientes: o bien el número de partidos por temporada es excesivo para el ser humano, o bien el fútbol de hoy es más físico, o bien el defensa jugó lesionado, o bien iba de coca hasta las trancas barrancas… Al tercer día, Cannavaro resucitó de entre los comatosos y realizó unas declaraciones que zanjaron el tema y callaron el boquino a los maledicentes:

«He aquí lo que ocurrió en realidad. Cuando ese maldito delantero me fintó a una velocidad endiablada y vi a Casillas durmiendo, quise gritarle que espabilara y le saliera al encuentro. Pensé en pronunciar /ko.xó.nes/ y luego /des.pjér.ta/ y luego /í.ker/ y luego /sál.le/, pero de repente me asaltó una duda, una duda impostergable: ¿y si en vez de gritar la palabra /sál.le/ quisiese escribirla? Sin poder respirar, en un arrobamiento divino, me vino la respuesta: ¡es imposible escribir eso en español! Y ahí ya me dio el telele.»

P.D.: Cuentan las crónicas del reino que un día le pasó lo mismo a Lola Flores en un taxi, al indicarle al amable conductor el nombre de su finca.